Mi abuelo no tenía muchas cosas por la que ser amado, pero era amado de forma sin igual. Hombre de pequeña estatura, campesino que gustaba del trago y andaba de una fiesta en otra con mujeres, de hecho mi padre fue concebido de unos de esos amores a escondidas, nadie sabe exactamente los hijos que tuvo, las mujeres que tuvo, nunca se detenía mucho tiempo en parte alguna y el día que se detuvo halló la muerte.
Buscando el significado de Valerio, hallé “El que es de gran valor y fortaleza” y así era, para complicar las cosas, el apellido. Se detuvo una vez y tuvo una casa y esposa de nombre Aurora y un hijo. Entraba en sus 40 cuando quiso echar a andar y halló la muerte. Vivía en un poblado azucarero y trabajaba en su Central con nombre de mujer; Josefita y estaba regresando a sus amores primeros, una novia de antes. Mi abuelo no tenía muchas cosas por la que ser amado pero la gente lo quería, las mujeres lo querían por un tiempo y por un tiempo lo odiaban y volvian a quererlo. Aurora lo amó y le dio un hijo y cuando él quiso echar a andar, planeó su muerte.
El llegó del trabajo y entró al baño, era una casa de configuración alargada y estrecha, el baño era la última habitación de la casa, alguien tocó a la puerta del baño silbando como silbaba su hijo, confundido abrió y una ráfaga de alcohol le entró en los ojos y después una porción más grande de alcohol le penetró el cuerpo y un fosforo le saltó encima. La casa estaba desposeída de cortinas y sabanas o cosa alguna que pudiera extinguirlo, caminó en llamas por la alargada casa hacia la puerta de la calle, sin ropa abrió la puerta y puso el primer pie en el escalón que subía hacia la calle cuando una mandarria le golpeó el cráneo.
Abuelo no tenía muchas cosas por la que ser amado y algunas mujeres le odiaban más que otras, nunca se supo si fue amor u odio, lo que es cierto es que siendo valiente y fuerte vino a morir a manos de la cobardía misma.
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